miércoles, 18 de mayo de 2011

LA PRIMERA VEZ QUE DIJO "MAMI"


Esa noche fué terrorífica, todavía me duele escribir sobre eso. Ese domingo estuvo con fiebre desde la mañana, la medicamos y a las horas volvía a subir. La  noche pasó con esos altibajos, lo mismo que el lumes, solo que cada vez parecía más difícil bajarle la temperatura que llegaba a los 39° y los superaba ampliamente. El médico revisó a Bequi pero no le encontró nada, así que pidió un exámen de orina. Estuve con ella casi hasta las dos de la mañana para recolectar la orina y finalmente nos fuimos a dormir. No llegó a las 3 de la mañana que me despertó con un sonido horrible. Estaba dura, morada y volando de fiebre. Corrimos con Luis a bañarla  y decidimos llevarla al hospital, donde quedó internada. Hasta ahí todo era predecible y tolerable, pero las siguientes horas fueron las más dolorosas para mí. Verla tan chiquitita, tan quieta. Las venitas no toleraban el catéter y estallaban una y otra vez. Yo no pude con su sufrimiento y me fuí afuera de la habitación tratando de que el tiempo pasara más rápido. La pinchaban una y otra vez y siempre terminaba igual, su venita estallaba y había que volver a empezar. Entre llantos la escuché, dijo "mami" por primera vez. No tuve forma de esconder el llanto. Me llamaba por que no estaba, por que la dejé sola entre tanto sufrimiento. Por que confía en mí y en que entre tantas cosas dolorosas, verme cerca la consuela. Finalmente no pude con su llamado y terminé entrando y pidiéndole a las enfermeras que la dejen tranquila. Buscaron otra manera de medicarla, y ella pudo descansar.  Fue el día más largo de mi vida. Ahora está bien gracias a Dios. La infección desapareció y la estamos controlando cada 15 días, pero el sentimiento de escucharla ese día, entre tanto dolor llamarme me hizo reflexionar a cerca de muchas de las cosas que pasan en nuestras vidas.

Creo que muchas veces nos pasa lo mismo que a Rebecca, necesitamos pasar por momentos dolorosos para poder estar mejor, o para poder crecer y progresar. En esos momentos pareciera que estamos solos, sin embargo no es así. Nuestro Padre Celestial está esperando junto a nosotros, pero si interviene nos deja sin la oportunidad de crecer o de aprender. Y cuando pasa el instante en que debemos estar solos vuelve para abrazarnos y consolarnos, y recordarnos que no estamos solos, solo estamos en la senda de nuestro propio crecimiento.